Crowdfundings, México, Ley Fintech…

No cabe duda que en los últimos años hemos escuchado o leído noticias acerca de esta figura. Desde invitaciones en redes sociales para juntar capital con el fin de ayudar a alguien que se encuentra en apuros o inclusive para financiar campañas políticas, como la de Barack Obama en su tiempo (2008). Y es que tal vez como a mí en su momento, hoy muchos se deben estar preguntando ¿Qué son los Crowdfundings? y ¿Cómo están contemplados a día de hoy en nuestro país?

Si bien, comenzaré introduciendo a la famosa Ley Fintech (Ley Para Regular Las Instituciones De Tecnología Financiera) publicada en el Diario Oficial de la Federación el 9 de marzo de 2018. Dicha ley, a día de hoy reconoce mediante su artículo 17; dos tipos de instituciones de tecnología financiera (ITF). Estas son las Instituciones de Fondo de Pago Electrónico (IFPE) y las dichosas Instituciones de Financiamiento Colectivo (IFC) o como el título lo dice… Crowfundings. Esto quiere decir que en nuestro país al día de hoy no se regulan todos los modelos Fintech, sino los ya mencionados. Es por eso que exclusivamente, sólo estos dos modelos podrán utilizar en su descripción las expresiones: “ITF”, “IFPE” o “IFC”.

Ahora, ya entrados un poco más en contexto. Comenzaré a explicar las Crowdfundings desde un punto de partida histórico, el cual muy seguramente sorprenderá a muchos por el hecho de contar con antecedentes que datan desde el siglo XVIII. Sí, aunque suene descabellado y a sabiendas que el “tiping point” de esta figura llegó de la mano de la era digital, es importante remarcar que este tipo de modelo de financiamiento masivo está lejos de ser algo nuevo. Específicamente en el año 1713, el poeta británico Alexander Pope utilizó este medio para recaudar recursos y así traducir la obra “La Iliada” de Homero del latín al inglés. Con dicha publicación, Pope ofreció a sus colaboradores la recompensa de una mención con sus nombres en su tomo publicado, una especie de “créditos” por así decir. Otro gran ejemplo y que muy seguramente será del agrado de muchos, está situado ni más ni menos en “la gran manzana”. Y para ser más específicos, en la construcción de la estatua de la libertad en el año 1884. Como muchos sabrán, este emblemático monumento fue un obsequio del pueblo francés para conmemorar la declaración de independencia de los Estados Unidos. Todo era felicidad y gozo hasta que la falta de recursos para su construcción, hizo que los dos pueblos optaran por recaudar apoyo financiero de sus ciudadanos. Es ahí donde el emblemático empresario, editor y dueño del periódico “New York World” Joseph Pulitzer, decide publicar una campaña masiva; invitando al pueblo americano a hacer posible esta construcción por medio de una pequeña aportación de capital. Una vez conseguido el objetivo; el gran editor austriaco agradeció a todas y todos los que cooperaron con la publicación de sus nombres en el periódico “New York World”.

Una vez vista una parte de su historia, es ahí donde tenemos que tratar de darle un concepto sencillo y fácil de explicar. Y es que conforme lo visto en estos dos remotos ejemplos, como su nombre lo dice “Crowd” multitud y “Funding” financiamiento; necesitamos una interacción masiva de personas la cuál será materializada a través de tres actores: inversionistas, solicitantes y plataforma. Para ejemplificar de manera clara; podemos decir que en el caso de la estatua de la libertad, los inversionistas serían los ciudadanos, los solicitantes sería el pueblo americano y la plataforma sería el periódico “New York World”. En este orden de ideas, ya aterrizándolo a los medios digitales que a día de hoy disponemos. Podemos definir que los crowdfundings son “las prácticas empleadas a través de plataformas digitales (intermediario), con el objetivo de poner en contacto y a disposición del público (inversionistas); la posibilidad de invertir en proyectos con fines de distintas naturalezas (especulativo o social) promovidos por uno o varios emprendedores (solicitantes). Todo esto a cambio de una recompensa u objetivo ofrecidos por el o los solicitantes.”

Existen diferente rubros en las que operan las instituciones de financiamiento colectivo; tales como deuda, capital, donaciones y recompensas. Es preciso comenzar con el hecho de que en México, la ley no regula las IFC enfocadas en donaciones y recompensas. Dicho esto, no habrá necesidad que este tipo de financiamientos soliciten una autorización para fungir como IFC. En concordancia con lo mencionado, es momento de aterrizar a lo dispuesto por la ley vigente (Ley Fintech); que define en su artículo 15 a las instituciones de financiamiento colectivo como: “Las actividades destinadas a poner en contacto a personas del público en general, con el fin de que entre ellas se otorguen financiamientos […], realizadas de manera habitual y profesional, a través de aplicaciones informáticas, interfaces, páginas de internet o cualquier otro medio de comunicación electrónica o digital”. De igual manera, la ley establece que estas instituciones deberán ser autorizadas por un comité interinstitucional conformado por: SHCP, CNBV y Banxico. Es así que para ser candidato a obtener esta autorización, se deberá cumplir lo siguiente: 1.- Ser una S.A de C.V. con domicilio en territorio nacional, 2.- contar con un capital mínimo de 500,000 UDIS o 700,000 UDIS en el caso de realizar más de un tipo de financiamiento. Así mismo por “más de un tipo de financiamiento”, la ley contempla tres tipos de IFC; las de deuda (Prestadero, Yotepresto) , las de capital (Playbusiness, Snowball) y las de copropiedad y regalías (100ladrillos, Briq). Esta clasificación se encuentra resumida y explicada en el artículo 16 de la ley:

“Los Clientes de una institución de financiamiento colectivo podrán efectuar entre ellos y a través de dicha institución las Operaciones siguientes:

I. Financiamiento colectivo de deuda, con el fin de que los inversionistas otorguen préstamos, créditos, mutuos o cualquier otro financiamiento causante de un pasivo directo o contingente a los solicitantes;

II. Financiamiento colectivo de capital, con el fin de que los inversionistas compren o adquieran títulos representativos del capital social de personas morales que actúen como solicitantes, y

III. Financiamiento colectivo de copropiedad o regalías, con el fin de que los inversionistas y solicitantes celebren entre ellos asociaciones en participación o cualquier otro tipo de convenio por el cual el inversionista adquiera una parte alícuota o participación en un bien presente o futuro o en los ingresos, utilidades, regalías o pérdidas que se obtengan de la realización de una o más actividades o de los proyectos de un solicitante.”

Ya visto el objeto de las IFC, es importante señalar las otras actividades que estas pueden llevar acabo; entre las cuales podemos destacar: la constitución de fideicomisos y la cobranza judicial/extrajudicial de créditos otorgados.

El propósito de esta Ley, radica en seguir seis principios con la finalidad de preservar la seguridad y certeza de los usuarios que interactuen en este ecosistema. Estos principios son: inclusión e innovación financiera, promoción de la competencia, protección al consumidor, preservación de la estabilidad financiera, prevención de operaciones ilícitas y el que considero vital: neutralidad tecnológica. Debido a esto, la Ley Fintech demanda ciertas obligaciones que deberán cumplir todas las IFC; entre las varias obligaciones podemos destacar las siguientes: ser usuario de al menos una sociedad de información crediticia (buro de crédito), emplear mecanismos para la debida segregación de recursos y proporcionar los medios necesarios para formalizar operaciones. Por supuesto, es vital recalcar que la CNBV es la “policía” de estas instituciones; por lo que es importante señalar algunas de las prohibiciones que tienen las IFC. Las IFC tendrán prohibido: ofertar proyectos que estén siendo ofertados al mismo tiempo por otra IFC, asegura retornos o rendimientos sobre la inversión realizada y ceder o enajenar créditos a personas relacionadas o con poder de mando de la respectiva IFC.

En conclusión, ya visto en términos generales esta figura, creo que es una buena introducción para así ver de manera más detallada este tema. No tengo dudas que el crecimiento de este tipo de instituciones tendrá un gran auge en los años venideros. Creo que probar este tipo de tecnologías es la manera más accesible para todos y todas de invertir nuestro dinero, ya sea por un rendimiento o inclusive por una fracción de un inmueble. Hemos visto las ya múltiples noticias, la tendencia va a las microfinanzas y que mejor que ser “early adopters” de estas nuevas formas de invertir dinero.

No obstante es de suma importancia asesorarce de manera correcta antes de hacer cualquier tipo de inversión, pues si bien la ley es clara al remarcar lo siguiente: “Ni el Gobierno Federal ni las entidades de la administración pública paraestatal podrán responsabilizarse o garantizar los recursos de los Clientes que sean utilizados en las Operaciones que celebren con las ITF o frente a otros, así como tampoco asumir alguna responsabilidad por las obligaciones contraídas por las ITF o por algún Cliente frente a otro, en virtud de las Operaciones que celebren.”

Con todo y estas complicaciones, ser parte de esta tendencia es la apertura a la democratización del mercado inmobiliario, a la inclusión financiera pero sobretodo a una neutralidad tecnológica que nos permitirá tener un mayor margen para la disposición de nuestros derechos patrimoniales.

Referencias:

1.- Ley Para Regular Instituciones de Tecnología Financiera.

2.- Rocío Haydee Robles Peiro. (2020). Ley Para Regular las instituciones de tecnología financiera; Contexto, contenido e implicaciones. Ciudad de México: tirant lo blanch.

Legal Clerk.| Crypto Enthusiast.| Legal Futurist.

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